Soledad y vejez

La soledad no deseada es un fenómeno subjetivo que se basa en la percepción que tiene una persona sobre la falta de relaciones, y/o en la calidad no satisfactoria de las existentes. En este sentido, la vejez no solo se ha transformado en una etapa más larga, sino también en una más solitaria. Las personas mayores que sufren horas, días o semanas la soledad no deseada tienen una mayor predisposición a sentirse vulnerables, así como se incrementa el deterioro de su salud y el riesgo de mortalidad. Y no es necesario vivir solo/a para sentirla. Muchas de ellas lo hacen en silencio también en espacios de convivencia con otras personas. La desaparición de un ser querido, la pérdida de movilidad, la falta de relaciones de calidad o la discriminación por cuestiones de edad son factores que llevan a las personas mayores a no tener los vínculos emocionales necesarios para cualquier persona.

De las 300.000 personas, mayores de 65 años, que viven solas en Cataluña, 175.000 afirman sufrir diferentes grados de soledad no deseada. Las personas mayores en estas situaciones tienen una mayor propensión a encontrarse con barreras físicas y emocionales, éstas les hacen sentir vulnerabilidad, perdiendo así la autoconfianza. A todo ello cabe sumar las problemáticas socio-económicas que muchas de ellas pueden experimentar y que no hacen más que ahondar en el impacto de la soledad y el aislamiento, en sus múltiples vertientes. 

En este sentido, el apoyo emocional es clave, un acompañamiento que brindan las personas voluntarias que conforman Amics de la Gent Gran. El acompañamiento emocional y las actividades de socialización favorecen la autonomía, confianza, socialización y participación comunitaria de las personas mayores.

Este acompañamiento se basa en reconocer a la persona y aceptar lo que la hace única; respetar su dignidad e intimidad; es dar valor a su vida y ayudarla a redescubrir su potencial, permitiendo que exprese sus deseos e inquietudes; es caminar a su lado respetando su evolución y ritmo, adaptarse a sus necesidades y detectar posibles recursos que repercutan en su bienestar físico y emocional; es, en definitiva, que sienta de nuevo que forma parte vital de la sociedad.